
El Viejo que Susurraba a las Piedras
Valeria, una fotógrafa urbana con prisa y equipada con un llamativo abrigo amarillo, llega a Chinchón con un objetivo estrictamente estético: retratar la "estética de la decadencia" en sus emblemáticos balconados de madera verde y sus callejones empedrados. Para ella, el patrimonio es un objeto de consumo visual; una búsqueda de la "España con Memoria" que utiliza meramente como filtro artístico.
Sin embargo, su cámara y su perspectiva cambian por completo al cruzarse con Mateo, un anciano de 78 años que parece ser el alma viviente de la piedra del municipio.




